Vivir para trabajar o trabajar para vivir

Vivir

Para resolver este clásico interrogante conviene comenzar preguntándonos qué es trabajar y qué es vivir. Porque unas veces trabajar es vivir y otras veces se vive como si no se viviera. Tal vez la primera reflexión deba ser qué es vivir. Y tal vez vivir no sea más que estar en coherencia; es decir, que se alinee lo que pienso con lo que siento y con lo que hago. Nada más y nada menos.

En esta tríada de la coherencia el pilar más débil, por lo inexplorado e inatendido, suele ser el sentir, que evidencia lo que verdaderamente tiene sentido, valga la obviedad, para cada persona. El sentir abarca desde lo superficial hasta lo profundo y en toda esa extensión se encuentran las verdades fundamentales de cada ser humano.

Cuando el sentir se hace cercano y evidente es cuando se aprecia la coherencia o la falta de ella. Cuando estamos en coherencia vivimos de un modo auténtico. Cuando no estamos en coherencia vivimos una vida que no es la nuestra, y la mente y el cuerpo se desajustan, transformándose el interrogante inicial en “vivir para trabajar o trabajar para no vivir”.

Trabajar

¿Qué es trabajar? Entendemos el trabajo como una actividad que realizamos y que nos reporta ingresos económicos. Pero ¿es éste el único objeto de un trabajo? Básicamente no, pero lo más común es que los ingresos sean el aspecto más importante de un trabajo, relegándose a un segundo plano el componente de satisfacción, vocación y realización personal.

¿Qué es lo que de verdad te gusta hacer? ¿Qué es lo que te llena? ¿Qué es lo que haces de un modo único, aquello en lo que brillas de forma especial? ¿Qué es lo que te hace vibrar de satisfacción? Estas preguntas, referidas al trabajo, tienen sabor a palabras reveladoras pero vacías por considerarse fuera de lugar y del alcance de la mayoría de las personas. Sin embargo, cuando se atienden y se transita en pos de las respuestas es precisamente cuando la coherencia se asoma a nuestra vida.

Es cierto que hay moldes que romper y creencias que derribar, pero el camino hacia el desarrollo profesional que de verdad nos llena y tiene sentido para nosotros está y siempre ha estado ahí para nosotros.

Pero ¿quién soy yo?

Preguntarse qué quiero carece de sentido si previamente no tengo claro quién soy.

Preguntarse quién soy es todo un desafío, porque las respuestas más inmediatas no me acercan precisamente a lo que soy, sino a lo que hago.

Cuando comienzo a saber quién soy y mi sentir me lo va confirmando mi mundo interior se ilumina con luz propia. En esa claridad veo lo que quiero y también lo que no quiero. Un escenario, tal vez revuelto, se muestra ante mí y aparece una oportunidad, la oportunidad de descubrir, o de confirmar, qué me mueve en mi vida.

Una vez en este punto la respuesta al interrogante planteado es sólo una: VIVIR.

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