Miedo al miedo … Agorafobia

  • ¿Has sentido pánico al meterte en un transporte público?
  • ¿Has tenido necesidad de escapar estando en una plaza abierta llena de gente?
  • ¿Has tenido miedo a que te entre un “ataque de miedo”?

 

Si la respuesta es SI, puede que nos encontremos con un trastorno de AGORAFOBIA.

agorafobiaSegún el DSM-IV podemos definir AGORAFOBIA como “La aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o, donde en caso de crisis de angustia o pánico puede no disponerse de la ayuda que se considera necesaria.”

Son miedos frecuentemente relacionados con situaciones como estar solo fuera de casa, encontrarse en una aglomeración de gente, viajar en transporte público.

Normalmente se evitan estas situaciones por temor a que aparezca una crisis de angustia o ataque de pánico salvo que nos encontremos acompañados de algún conocido de confianza.

Se puede definir también como “Miedo al Miedo”; miedo a perder el control sobre uno mismo y a sufrir una crisis de angustia.

Como toda fobia, suele aparecer por un mecanismo de aprendizaje; por el que aprendemos a tener miedo a esa situación que puede ser una situación normal, ansiógena o estresante para la persona en cuestión.

Esto lleva a la persona a evitar determinadas situaciones que son, en su caso, potencialmente ansiógenas como salir de casa, ir de compras, utilizar el transporte público, practicar algún deporte, viajar, comer en un restaurante, etc.

Esta evitación se ve reforzada por un pensamiento anticipatorio negativo sobre las consecuencias de realizar determinadas acciones: “si salgo, me voy a desmayar en mitad de la calle”; o sobre las propias habilidades personales: “No voy a ser capaz, no voy a poder”; y suele aparecer una continua auto-observación e interpretación errónea de las sensaciones corporales: “me están subiendo las pulsaciones, estoy respirando mal….”

Estos pensamientos anticipatorios negativos provocan una respuesta fisiológica de “Alerta”: Aparece taquicardia y aumenta la frecuencia cardíaca, aumenta la sudoración, puede parecer sensación de ahogo, de desmayo y en general una gran falta de control que hacen la huida la respuesta más satisfactoria; aumentando así cada vez más el problema.

Si nos encontramos identificados/as con algunos de los síntomas o características  anteriormente descrito es recomendable acudir a un Psicólogo; ya que estas conductas evitativas suelen ir generalizándose y comprometiendo cada vez más  otros comportamientos.

El tratamiento debe perseguir el objetivo de que la persona se enfrente a su “problema” o situación evitada para ir, poco a poco, asumiendo el control y poder afrontar adaptativamente y activamente estas situaciones temidas. Para ello,  debe incluir terapia psicológica y tratamiento farmacológico.

El tratamiento psicológico consistirá en:

  • Frase JungAnálisis de los antecedentes y consecuencias de la conducta a tratar.
  • Reestructuración cognitiva
  • Entrenamiento en técnicas de manejo y control de la ansiedad
  • Entrenamiento en técnicas de control de pensamiento y pensamiento positivo.
  • Entrenamiento en habilidades de comunicación y solución de problemas.
  • Exposición pautada y guiada a la situación ansiógena previamente planificada y consensuada con el paciente.

El tratamiento farmacológico debe ir pautado por un médico psiquiatra e incluye básicamente dos grupos de fármacos:

  • Los de primera elección son los antidepresivos y dentro de estos dos tipos:
    • por un lado los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS por sus siglas) que son un grupo de antidepresivos modernos, con escasos efectos secundarios, y eficacia no solo para tratar los síntomas depresivos que frecuentemente se asocian a este trastorno sino también para prevenir la aparición de síntomas ansiosos (como por ejemplo una crisis de ansiedad o de pánico). Fármacos de este grupo son escitalopram (Esertia o Cipralex, son sus nombres comerciales), citalopram (Prisdal), paroxetina (Motivan, Seroxat, Frosinor), sertralina (Besitran o Aremis) o fluoxetina (Prozac). La prescripción de uno u otro será individualizada pues tienen diferente perfil de efectos secundarios y de actividad, por ejemplo algunos de ellos son más ansiolíticos mientras que otros son más “activadores”, unos disminuyen el apetito y otros lo aumentan.
    • antes-despuésEn casos en los que los síntomas depresivos (especialmente de retracción social o inhibición) sean más graves también se pueden emplear los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN). Pertenecen a este grupo la venlafaxina (Vandral o Dobupal) y desvenlafaxina (Pristiq), también la duloxetina (Xeristar o Cymbalta).
  • Al inicio del tratamiento, y dado que los antidepresivos no empiezan a hacer efecto hasta pasados unos 10-15 días de haber sido iniciados, es posible que necesitemos apoyo con un fármaco ansiolítico. Se trata fundamentalmente del grupo de las benzodiacepinas (BZD) que ayudan a mejorar los síntomas de ansiedad (como por ejemplo la sensación de falta de aire, opresión en pecho, nudo en boca del estómago, temblor, tensión psíquica o el insomnio). Este es un tratamiento sintomático, es decir mejoran las consecuencias físicas o psíquicas del trastorno y nos pueden ayudar a enfrentarnos a determinadas situaciones, pero no lo curan.
  • Dentro de este grupo hay múltiples fármacos: clorazepato (Tranxilium), bromazepam (Lexatín), diazepam (Valium), lorazepam (Orfidal), alprazolam (Trankimazín), Ketazolam (Sedotime), etc. También dentro de este grupo se encuentran la mayoría de los fármacos hipnóticos que pueden ser útiles: Lormetazepam (Noctamid o Loramet), flunitrazepam (Rohipnol), Flurazepam (Dormodor), midazolam (Dormicum) o quazepam (Quiedorm).

Bastan revisiones cada 1-3 meses con el psiquiatra para controlar el tratamiento.  Obviamente psiquiatra y psicóloga deben trabajar en equipo, compartir datos, objetivos y evolución del paciente.

Facebook Twitter Email

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *