Feliz Mente

Esta primera publicación mía en el Blog quiero dedicarla al nombre de nuestro proyecto. No son dos palabras elegidas al azar, revelan una intención, un propósito: construir una mente feliz.

Académicamente la palabra felicidad se define como el estado de ánimo que se complace con la posesión de un bien, un bien que no tiene que ser necesariamente material. Por tal motivo se considera la felicidad como algo efímero, hablándose de modo habitual de momentos felices y siendo rara la aceptación de la felicidad como algo permanente. No es difícil comprender que si condiciono mi felicidad a la posesión de algo, una vez que poseo ese algo lo más probable es que en breve esté surgiendo la necesidad de otro algo distinto que vuelve a posponer mi felicidad.

IMG_5130No resulta extraño oír expresiones del tipo “seré feliz cuando encuentre mi pareja ideal”, “seré feliz cuando encuentre un trabajo”, “seré feliz cuando tenga dinero”, “seré feliz cuando pueda hacer ese viaje que tanto deseo”, “seré feliz cuando pueda cambiar de casa”, y un interminable etcétera. Tal vez todo esto no se verbalice exactamente de este modo, pero el sentir interior nos dice que estamos condicionando nuestro estado emocional más agradable y pleno a que se den determinadas circunstancias en nuestras vidas.

Creo que a todos nos ha sucedido que esa poderosa energía llamada deseo nos mueve interior y exteriormente en la dirección de satisfacer una necesidad, y que cuando esa necesidad es cubierta la energía que nos impulsó se disuelve rápidamente como un azucarillo en un vaso de agua. Y cuando esto sucede nos queda un vacío que volvemos a llenar con nuevos deseos para estar otra vez impregnados del efecto de esa energía.

Nada más lejos de mi intención cuestionar la razón de ser del deseo en nuestra naturaleza humana, pero sí creo que es importante comprender cómo opera el deseo para tener la oportunidad de sentirnos más libres y auténticos, pues no es difícil perderse en un laberinto de necesidades que pueden no tener nada que ver con quienes realmente somos.

Si relacionamos la felicidad con los deseos cumplidos o con las necesidades satisfechas estamos diciendo abiertamente que nuestra felicidad no es algo que dependa totalmente de nosotros mismos. Es decir, afirmamos que no podemos responsabilizarnos de nuestra propia felicidad. Por otro lado, estamos negándonos un estado sostenido de felicidad, pues siempre encontramos carencias que necesitamos cubrir.

Junto a la felicidad, a los deseos cumplidos y a las necesidades satisfechas pueden moverse otras dos importantes energías emocionales: la euforia y el miedo, siendo ambas las dos caras de una misma moneda. La euforia es un sentimiento intenso de excitación y de júbilo, mientras que el miedo, en estas situaciones, habla del temor de perder eso que hemos logrado, de que nos lo arrebaten, de que no seamos capaces de mantenerlo, de anticipar qué será de nosotros cuando no tengamos eso. Toda la intensidad que seamos capaces de poner en un estado eufórico puede pasar a convertirse en miedo, comprometiendo ese estado de plenitud al que estamos denominando felicidad.

Pongamos foco en el recuerdo de un estado de felicidad intensa dentro de nosotros mismos en la que no hubo euforia ni tampoco miedo. Esa felicidad calmada que nos permite experimentar ese momento con total aceptación y armonía, con una sonrisa en nuestro rostro que es reflejo de esa misma sonrisa en nuestro corazón. Recordemos algún instante así y traigámoslo a nuestra consciencia. Qué sentíamos, qué pasaba, cómo era esa plenitud, cómo mirábamos el mundo en ese instante, cómo nos mirábamos a nosotros mismos, qué nos decía nuestro cuerpo, cómo veíamos a las personas a nuestro alrededor.

Mano-corazónY ahora exploremos qué es lo que nos puede llevar a sentir así. A poco que observemos con una mirada limpia y desapegada nos daremos cuenta de que ese sentir sublime no está condicionado a lo que esté sucediendo en ese momento, sino a la manera en la que estoy experimentando ese momento. Más exactamente, a mi manera de entender y comprender ese momento. Cuando canalizo un deseo tras haber encontrado en él coherencia y me entrego a dar lo mejor de mí para acercarme a ese propósito tengo la opción de amar la acción por la acción. Amar la acción por la acción significa que, aceptando que estoy dando lo mejor que en ese momento puedo dar, no estoy enganchado mentalmente a los resultados, sino que estoy viviendo plenamente la acción que he decidido, sea la que sea. Cuando esta acción trae a mi vida un resultado y puedo llegar a aceptar y comprender que no pudo ser de otra manera, vivo ese momento con plenitud, ya se trate de una circunstancia agradable o desagradable, la vida no está exenta de momentos difíciles. Uno y otro tipo de situaciones puedo vivirlos con las emociones y el sentir que emanen de mi interior, a la vez que esa mirada desapegada y sabia me desvela que cada momento de mi vida es en sí mismo un tesoro.

Educar mi mente para comprender y saber, y entrenar mi consciencia para estar presente en cada instante de mi existencia, es alumbrar el camino de mi vida para que aparezcan ante mí la belleza y el amor que veo a mi alrededor cuando me quito las gafas condicionadas de mirar al mundo y lo observo directamente desde la paz y el amor que habitan en mí en lo profundo.

Una mente feliz me permite vivir felizmente.

 

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