Euforia, disforia y paz interior

 

Euforia … energía desatada

¿Recuerdas cuándo sentiste euforia por última vez? Lo sabrás porque tu energía se desataba y tu ritmo se atropellaba al rebosar optimismo por doquier. Son esos momentos en los que sacabas pecho y sentías seguridad a ultranza mientras un claro nerviosismo e inquietud se apoderaba irresistiblemente de ti.

Pueden ser muchos los motivos que nos lleven a un estado eufórico. Dejando de lado cualquier motivo relacionado con fármacos o drogas, puede llevar a la euforia un logro, una noticia o algún tipo de satisfacción física o mental.

Euforia (1)Sin embargo, todo este consumo irreflexivo de energía pasa factura y no es raro notar que tras la euforia puede llegar el decaimiento e incluso el pesimismo. Es un efecto pendular: toda la energía que circulaba en un sentido puede llegar a circular en el sentido opuesto. Es como si el optimismo desenfrenado hiciera subir tan alto que augurase una estrepitosa caída hacia el pesimismo más abrumador.

Dicho de otro modo, toda la euforia que podamos ser capaces de generar en un momento determinado por una causa determinada puede también manifestarse en su forma opuesta cuando esa causa no se dé.

Dos caras de una misma moneda: el miedo

Euforia (2)En el fondo de la euforia y de su opuesto, la disforia, suele encontrarse el miedo, y mientras más intensidad emocional se despliegue más evidente se hace la presencia de ese miedo. Es el miedo que está detrás de los apegos a los resultados, de que las cosas hayan de ser de una determinada manera y no de otra. Es también el miedo a que no se reconozca nuestra valía, a no sentirnos suficientemente eficaces.

Neutralidad, paz interior y paso al frente

Si no queremos ese desgaste energético desatado e incontrolado hay otra forma de vivir las mismas situaciones: desde la neutralidad que aporta la paz interior.

No se trata de que no disfrutemos o de que no nos emocionemos, ni tampoco de que no podamos sentirnos tristes o decepcionados. Nada de eso. Se trata sólo de elaborar una nueva comprensión: “esto también pasará”. La vida es cambio constante y apegarse a cualquiera de las situaciones o circunstancias que acontecen es apegarse a lo impermanente.

La vida va pasando de una única manera. De todas las posibilidades sólo una se va reflejando en cada instante, y no otra. Aceptar que esto es así y admitirlo tal cual es, como algo pasajero, ayuda a conectar con la ecuanimidad y con la paz que habita en nuestro interior.

Desde esta comprensión, aceptación y desapego es posible experimentar las emociones intensa pero sanamente, desde una neutralidad pacífica, preservando nuestra energía y nuestras capacidades intactas para continuar nuestro caminar consciente y disfrutón por la vida, con nuestra mejor sonrisa  🙂 .

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