El principio y el fin: Ser conscientes

Vivimos la vida planeando constantemente las cosas que queremos hacer, lo que deseamos tener y cómo queremos ser, esforzándonos para dar una imagen idealizada a los demás. Hablamos de ayudar al prójimo, traer la Paz al mundo, a la Humanidad, erradicar el hambre y la pobreza. Nos sumergimos en un sueño idílico en el cuál todo está por llegar. Creamos grandes proyectos en nuestra mente, nos imaginamos como serán, lo decoramos con nuestros mejores pensamientos, y le otorgamos el mayor espacio posible, pensamos “a lo grande”, pero una vez más nos olvidamos de lo cercano, lo cotidiano, aquellas cosas que tenemos al alcance de nuestras manos pero que por el mero hecho de ser así, le restamos importancia.

Seamos conscientes de lo que tenemos a nuestro alrededor, amigos, familia, compañeros, pareja. Y aún más cerca: nosotros mismos. Si no somos capaces de conocer, ayudar e intentar hacer felices a las personas que nos rodean, ¿Cómo vamos ayudar a los que están lejos?

Es fácil, en nuestro día a día, caer en nuestros comportamientos automáticos habituales, aquellos que nos mantienen en nuestra “zona de confort” que aun siendo limitante y desgastante, nos proporciona el dulzor de un azucarillo. Todo empieza y acaba en nosotros mismos. Tomar consciencia de nuestro Yo y conocer que los cambios son intrínsecos, no es fácil, de ahí que hagamos enormes esfuerzos para que nuestro alrededor cambie y ya conocemos el desenlace. Tomar conciencia de lo que acontece momento a momento nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, saber quiénes somos, a conectar con la realidad del momento presente, así como, abrir el camino al “despertar” de nuestra conciencia, donde se abre el campo de las posibilidades y del aprendizaje.

Para aprender a desconectar  nuestro “piloto automático”, reconocer nuestras reacciones inconscientes e ir fluyendo hacia respuestas más coherentes y beneficiosas para nosotros, el camino es: cultivar y entrenar nuestra consciencia. Utilizando una metáfora, es crear tu propio huerto donde sembrar semillas de consciencia que debes regar y mimar cada día para que puedan dar sus frutos y poder disfrutarlos.
Esas semillas de consciencia pueden resultar fáciles pero es en la sencillez donde comienza el cambio. Puedes sembrar:

  • Una sonrisa cada mañana al despertar y dar las gracias a la Vida.
  • Dedicar unos minutos al día para conectar con tu respiración consciente.
  • Disfrutar de los momentos o los instantes con tus seres queridos.
  • Acoger y experimentar esos momentos en los cuales sientes rabia, miedo o tristeza.
  • Dedicar espacios en el día al silencio, a estar contigo mismo/a, explorar cómo te sientes, cómo está tu cuerpo y conectar con tu respiración.
  • Observar esos momentos en los cuales las cosas no salieron como tú esperabas.
  • Pon consciencia mientras realizas tus tareas cotidianas. Por ejemplo: mientras preparas la comida, te lavas las manos, tomas una ducha.
  • Haz pausas en tu día a día. Párate unos minutos, unos instantes, observa tu respiración, cómo está tu cuerpo y ábrete con total apertura al momento tal cuál es. Recárgate de energía para continuar haciendo aquello que decidas.

Cada semilla de consciencia riégala con una sonrisa y amabilidad hacia ti mismo.

 

 

 

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